Nuestro pequeño mundo nos ahoga, no nos deja pensar en nada más que resolver los problemas inmediatos. Pasar el siguiente examen, pagar el alquiler, conseguir esos zapatos que tanto nos gustaron... o cualquier cosa que atrape nuestra atención y nos distraiga del mundo más grande.
Ya no somos capaces de observar las cosas cotidianas que están en frente de nuestra vista. ¿No te parece cierto lo que digo? A veces estamos tan ocupados que nos pasamos días sin levantar la vista al cielo, días sin ver las formas locas de las nubes, los atardeceres de nubes en llamas... la luna que aparece en pleno día (¿alguna vez averiguaste durante cuántos días al mes se puede ver la luna en pleno día?, seguramente más de las que te diste cuenta).
Te tomaste un momento para ver un caminito de hormigas que llevan comida a su hormiguero, o te pusiste a observar las vueltas raras de un poco de humo en el aire, digo realmente observar, detenerte por un instante y verlo conscientemente, no simplemente verlo.
Ésta podrá ser la pregunta más absurda de todas, pero ¿alguna vez te pusiste a hacer algo tan simple como ver lo que pasa al levantar tu pie de la hierba? ¿observaste el movimiento de los pájaros? ¿te detubiste a averiguar por que un niño se ríe en el parque? ¿Te paraste a descubrir cuantos colores tienen los árboles en otoño? Esto es algo que no te puedes perder, inténtalo...
Cada tanto tiempo, detente por un segundo, y observa las cosas que suceden a tu alrededor, vas a descubrir cosas increíbles que quizás nunca supiste que estaban ahí.
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